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La persona, lo primero. 

Te acompañamos en el camino.

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Así resumía uno de los jóvenes sus visitas a la Residencia durante el curso 2015/16. Son más de cuarenta los alumnos del colegio Las Fuentes que nos han acompañado una hora al día casi todas las semanas del año. Los testimonios coinciden, el enriquecimiento del programa es mutuo. Todos salen ganando. Los alumnos coinciden a modo de resumen en que ha valido la pena. 

Se turnaban en grupos de cuatro, les acompañaba un profesor, y dejaban de lado el rato de esparcimiento con sus amigos en el recreo escolar para darles un poco de cariño y compañía a nuestros ancianos. Recogemos, a modo de testimonio, algunas de las declaraciones de los alumnos que nos han hecho llegar.

«Desde mi punto de vista, el haber realizado la actividad de ir a la residencia de Nalda, me ha parecido una gran experiencia. En primer lugar porque te das cuenta como haciendo un pequeño sacrificio sea de ayudar, atender o acompañar a gente mayor que de primeras no es lo que más te puede apetecer, ves como llena y agrada a uno mismo porque aunque no lo parezca cuando uno sale de ahí sale con una alegría interior muy grande. Y por esta razón recomiendo a muchos jóvenes que por lo menos prueben, y verán como al final se sentirán muy bien con ellos mismo y sin darse cuenta estarán transmitiendo una alegría inmensa a gente que de verdad la necesita».

«A mí personalmente me ha parecido una experiencia bastante buena porque te pone en contacto con las personas adultas y te hace darte cuenta de que ellos también necesitan compañía y cariño. Yo sinceramente repetiría más veces porque me lo he pasado muy bien con ellos y son muy agradables».

«Me ha parecido una experiencia muy buena, te pasas un buen rato estando con ellos pero sobre todo lo que más gusta es el pensar que ellos también se lo pasan bien, que disfrutan de esa hora cada semana y que están esperando a la siguiente para poder volver a jugar a juegos con ellos. Es triste pensar que están allí todo el día y haciendo tan poco puedes alegrarles el día incluso la semana. Ha sido una experiencia buenísima».

«En vez de hablar de lo que ha supuesto, el ir a la residencia de ancianos, para ellos; prefiero, más bien para nosotros. Con esta experiencia, básicamente hemos ganado “puntos” en pensar en los demás. Aunque suene un poco común, es, si lo piensas, muy difícil hoy en día. Y digo, un poco a regañadientes porque nunca pensé que diría esto, que incluso he disfrutado. Al final si haces feliz a alguien, acabas compartiendo su felicidad».

«Me ha parecido una experiencia muy enriquecedora, porque ir cada miércoles con estos señores y señoras me ha ayudado ver los problemas que tienen los demás».

«A mi sinceramente me ha gustado bastante ver felices a los ancianos que hemos estado visitando durante este curso y también me gustaría repetirlo el año que viene. Cada vez que te asomas, te están esperando».

«Para mí esta experiencia me ha servido para mejorar como persona, ya que antes de esto era egoísta, y yendo con los ancianos se mejora. Al principio se va con miedo, pero poco a poco te vas dando cuenta de que necesitan ese apoyo, ya que a ti no te cuesta nada y a ellos les haces pasar un buen rato».

«A mi personalmente, ir cada cuatro semanas simplemente una hora a ver a gente que de verdad necesita compañía me ha parecido una experiencia muy buena. Ellos al vernos por la puerta entrar sienten alegría ya que pueden llegar a recordar sus recuerdos de su juventud, y nos cuentan sus barbaridades de la adolescencia, ellos son felices y a mí al oírles también».

Se ve que el enriquecimiento ha sido mutuo. El fomento de la generosidad y la solidaridad supone un crecimiento personal. Los ancianos, el último día de visita, manifestaron tristeza ante la despedida hasta el próximo mes de octubre. Los alumnos han ganado mucho y se han enriquecido con la amabilidad y la experiencia de darse a los demás.